Biohacking: humanos se ponen chips para mejorar sus funciones

Biohacking: humanos se ponen chips para mejorar sus funciones

La ciencia ficción que hemos visto plasmada en centenares de películas, hoy día es una realidad. Directores de cine visionarios como Steven Spielberg o Ridley Scott nos mostraban en sus films Inteligencia Artificial y Blade Runner, unos adelantos científicos que proporcionaban la capacidad de mejorar la actividad diaria de un humano mediante implantes electrónicos convirtiéndolo en un cyberhumano. Hoy día esos planteamientos futuristas son una realidad palpable.

A través de diversas webs y tiendas on line se ha producido una avalancha de oferta de productos conocidos como “biopunk” o “biohacking”, kits que se implantan en la piel del humano y que pueden ser controlados por otros dispositivos, con el objetivo de amplificar las capacidades del usuario.

Un buen ejemplo de esta futurista técnica es la de Tim Shank, un ingeniero en software y natural del estado de Minessota, E.E.U.U, quien desde hace varios años comenzó por implantarse chips en la piel, con el objetivo de acelerar sus acciones activando funciones en otros dispositivos electrónicos con sólo acercarse a ellos.

Su última experiencia ha sido la de implantarse un chip NFC, que le permite por ejemplo abrir la puerta de su casa o lanzar acciones para enviar correos electrónicos desde su teléfono móvil que contengan su información de contacto en caso de emergencia.

El propio Tim, tras estos experimentos, ha creado un grupo social de “biohackers” que se reúnen habitualmente para comentar los avances en esta materia y las posibles funciones de sus implantes.

El principal problema de este movimiento “biohacking” es que la práctica no está regulada por nadie y mucho menos por la OMS (Organización Mundial de la Salud).

En concreto existe un alarmante ejemplo en el estado de Minessota (EEUU) donde te implantan el chip en la trastienda de una sala de tatuajes y no desde un hospital.

Estos hechos ponen en peligro la salud y la vida de aquellas personas que se aventuran a conseguir el kit completo desde internet y se arriesgan a llevar a cabo el experimento sin control alguno, algo que está disponible a cualquiera que tenga 150 dólares, que es lo que cuesta el kit.

A día de hoy tanto la OMS como múltiples estudios alternativos no han encontrado precisos ejemplos de que tal proceso deje secuelas nocivas o perjudiciales en el ser humano, razón por la que suponemos no han prohibido tal actividad. Pero por otro lado, no han abordado las dudas evidentes que supone una experimentación con chips que contienen información privada y específica de las personas que lo portan y que esa información albergada podría ser susceptible de robo o uso indebido por cualquier extraño con un simple contacto físico. Una posibilidad peligrosa que cuanto menos debería plantearse como debate a tratar antes de lanzar estos chips al mercado internacional.

Fuente: chaval


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